Hembros: asedios a lo Post Humano, 2005

Por Eugenia Prado Bassi

Luego de cinco años en proceso de escritura nace Hembros: asedios a lo Post Humano[1], instalación escénica plástica, multimedia y de tecnologías, producida y montada por el colectivo de Artes Integradas CAIN[2] , estrenada en el Galpón Víctor Jara en Santiago de Chile a principios del año 2004.

La propuesta consistía en que cinco artistas, desde la libertad de sus oficios, lenguajes y soportes técnicos, leyeran un texto ejercitando su arte para desplazarlo del soporte de “libro-objeto”.

Hembros: novela instalación, es teatro/novela; una actriz y su potencia; un entorno de máquinas dispuestas y adecuadas; trazos escénicos que exploran una mente determinada por la interacción con las máquinas. Un proyecto ambicioso que buscaba el riesgo en un espacio no determinado por los códigos de lo profesional/comercial. Un trabajo fronterizo, para un texto que explora un nuevo psiquismo al que llamaríamos «post humano». Nos interesaba explorar las interacciones entre máquinas humanas y nuevas tecnologías, capturar signos y símbolos que en un ambiente codificado actúan como modelos imprimiéndose en las mentes y cuerpos de hoy. En su exposición cruda de una nueva humanidad, la escena proyecta un mundo contaminado de sobrecarga y de espacios saturados, que era la idea fuerza de este proyecto, interactuar con los medios productivos en el actual estado de acumulación para sumarnos a una propuesta global expansiva y capturar las novísimas fuerzas que modelan los sujetos, psiquis-mente-cuerpo y que el estado de las cosas y las palabras contienen, en un contexto contemporáneo de precisión y experimentación.

Sumar, sumar y volver a sumar. Unos encima de otros los textos, las escenas, los pantallazos, la música, las luces, los videos, las máquinas comunicantes, el veloz mercado del tiempo, del dinero y del hiper consumo. Permitirse desde la ficción el cambio de estado o un traspaso definitivo que no ser un fin sino un nuevo comienzo en función de la escritura. Se dice menos es más pero en este caso más es más.

Mientras el mundo es vigilado desde el satélite. En la medida que te alejas y te elevas puedes observar con distancia un hormigueo de seres humanos que circula por la tierra. Asimismo, circula a la vez, la información como un enorme organismo que se enferma por partes y que en otras revive. Mutar, cuando todo es posible gracias a los nuevos soportes y tecnologías para la sobrevivencia. Permitirse un cambio de pieles. Hombre-hembra hermafrodítico feroz opera en lo múltiple. Somos tecnologías de cuerpo y mente. Una amalgama que crece como una enorme cadena de quejidos incómodos. El miedo crece cuando nos vamos enterando de la sobreexplotación de recursos naturales o el peligro de la falta de agua; o que en segundos podemos desaparecer bajo el estallido de una explosión solar ¿y si se acaba el oxígeno? Se amplían las amenazas. Condicionados a la idea de un mundo finito que nos acontece a toda velocidad y que colapsa o se destruye de un momento a otro. El miedo paraliza. Sometidos a los excesos de información negativa y cruel, tal vez, es lo que tenemos en común los seres humanos, el miedo a que la vida tarde o temprano se acabe o se desmorone.

Mis temas son los flujos de identidades en construcción, la interfase cuerpo-máquina, la sexualidad en tanto proceso de decodificación irreversible, los mercados de las simultaneidades, el aterrador panorama de la crisis global de un capitalismo necesariamente en fuga hacia las fronteras de la cultura y el lenguaje.

Cito: « Un imperio de cerebros mecánicos precipita nuestras imágenes […] somos especies de autómatas, un género enfermo creado para situar el horror ».

Hembros, propone la deconstrucción de sujeto que deviene entre lo real y lo virtual. Un ello disperso, sumido en un mundo tecnologizado que circula entre los cables para atravesar los estados de la materia. Un sujeto andrógino, híbrido (en proceso) despierta entre circuitos, cruzado por tecnologías que son una prolongación extensiva de su cuerpo. Nos desplazamos por conexiones de tiempos cuánticos en un escenario de lo simultáneo. Habitamos lo múltiple. Somos fragmentos de lo humano, devenir de conexiones fluidas, teoría de cuerdas, agujeros negros y conspiraciones. Eso es Hembros. El registro de un cuerpo que odia al padre que lo determina, a todos los padres y a sus instituciones, contra un sistema patriarcal busca instalar sujetos mercantilizados, económicos, habilitados para los nuevos soportes y que, tal vez, en espacios mínimos con enseres básicos: agua, comida, baño; electricidad, un servidor, conexión a la red y una computadora logre adaptarse a una vida placentera, con riqueza visual, conceptual y hasta algunos contenidos mínimos.

El año 2005 John Streeter presenta “Hembros: la música[3], un disco con la música original que incluía dos videos. Además de un cuadernillo con el guión completo, la gráfica y algunas imágenes del montaje.

Para complementar las ideas que refuerzan la teoría de este proyecto, me interesa mencionar dos textos.

Krzysztof Kulawik, de la Universidad de Michigan, dice: “Las novelas experimentales de Prado como El cofre (1987), Lóbulo (1998) y Hembros: novela instalación (2004), indican un fenómeno cultural que puede ser descrito como una crisis de identidad, donde los individuos se desintegran en sus personalidades coherentes cruzando el género, las fronteras étnicas y humanas, tal como los textos que los representan, no se inscriben en ningún género tradicional literario. Esta deconstrucción de las categorías de género es realizada por la misma lengua que los creó, y tienen un significado políticamente radical”[4].

Mi proyecto de escritura no solo se pone en evidencia una crisis identitaria, sino en cómo se irán reconfigurando estas identidades en los escenarios que describen los textos.

De Eugenia Brito, poeta y ensayista, cito: “Un imaginario crítico que se une a partir de la noción de cuerpo en la novela instalación Hembros, hará que la letra tenga una nueva escena, no sólo la proveniente de la cultura letrada, sino la de la cultura electrónica dominante. Esta novela instalación señala el fin de los humanismos, la muerte de una cultura social que ocurre a causa del neoliberalismo y del desarrollo de una feroz colonización planetaria, que domina psiquis y cuerpos mediante estrategias y técnicas de dominio y subordinación. Se ha terminado el individuo como creación personal, el sindicato, como colectivo de lucha. Una nueva concepción de la economía y la política de manera global ha generado un individualismo militarizado  que funciona  como aparato de poder en una gran vitrina cultural, aséptica y controladora, a la manera del panóptico de que hablara Foucault. Ese discurso resuena como eje de la gran máquina de la que habla Eugenia Prado Bassi en Hembros y posteriormente en Asedios a lo Post Humano. Como organigrama que da cuenta  de cómo en la existencia post-dictatorial se generan identidades vacías y monótonas en un Chile fuertemente jerarquizado y nepótico, carente de movilidad. Desde la paralizada letra escrita hacia la pseudo movilidad del escenario electrónico, la novela/teatro abre un movimiento circular y rotatorio desde el mito, el poema, que busca, que desea detener por un instante el flujo del pensamiento monopólico y conservador para intentar lograr por un instante la libertad del gesto, del pensamiento y el deseo de transitar desde el cuerpo a la acción y desde ella a las páginas de una nueva historia”.

Catorce años después, Hembros es ASEDIOS, texto ficción que sigue en proceso. Es deseo de escritura y fragmentos de biografía (la vida pasa por el cuerpo). Un ello en proceso, a punto de mutar. Ser y entenderse como sujeto de registro[5], soporte conceptual de mi trabajo. Mi proceso productivo opera por acumulación de materiales, un ejercicio vital que me permite habilitar zonas dónde se mueven mis engendros. Un texto que elabora y re-elabora sobre la escritura.

Mi lengua se adapta, busca conectarse. Las palabras se extienden y dispersan. Todo está ahí, sucediendo a la velocidad de la luz. Todo es posible en el territorio libre de la red. Basta con imaginarlo, una búsqueda en google y casi todo lo que pienses ya fue pensado antes. La red nos muestra la “no originalidad”, pero el abismo de la sobrecarga es, a la vez, la salida de esa gran cárcel que nos condiciona. La estética de hoy es la de la repetición. Podemos ser protagonistas, observar y vivir los cambios con acierto y hasta opinar o hacer elecciones que, un siglo atrás eran impensables. Podemos ser identidades vacías y monótonas en un mundo post moderno. La circulación de ideas que permite la comunicación instantánea; los flujos o cruces con que se permean o aglutinan diversos contenidos, se expresan cómo una explosión de textos y creatividades.

A medida que la información se expande, es posible ir entendiendo mejor y observar los procesos y cómo se irán modificando hábitos que potencian formas de comunicación entre seres humanos. Por la lengua se diversifican las miradas que seguirán poniendo en juego y tensión los poderes dominantes. Nos informamos cómo opera el mundo a través de las pantallas ampliando nuestros incompletos o transformados saberes como pequeñas ventanas desde donde nuestro tejido humano se ventila, extiende o acopla.

A los veinticuatro años, me conecté a un computador por primera vez, desde ese momento sentí que no volvería a salir de ahí. Años después, imaginaba que un día despertaría adentro del computador, tratando de comunicarme desde la pantalla. Estaba trabajando en Lóbulo. (Editorial Cuarto Propio, 1998). En el texto, Sofía, personaje principal, es intervenida por llamadas telefónicas de un desconocido que no solo perturba su mente femenina, sino que invade todo el espacio narrativo, construyendo un mundo que poco a poco se desdibuja por las obsesiones del personaje, que en su relación con la máquina se descompone o fracasa. (La Matrix).

En ASEDIOS, el autor es también una máquina productora de textos. Un sistema- montaje que me permite asimilar estos cambios, sostener la percepción de lo simultáneo, teniendo en cuenta que contenidos y saberes, acertados o no, según el lugar desde dónde se confirman las fuentes, proliferan y seguirán multiplicándose.

Siendo optimista, me gustaría pensar que cada vez estamos mejor y que para nosotras, mujeres occidentales, el mundo ha evolucionado. Ya no están las épocas para que unos pocos controlen desde fuerzas oscuras a la gran masa productiva. Pero, siendo realista, lo más probable es que durante este siglo las cosas sigan más o menos igual y nos acostumbremos demasiado a convivir con el horror o la barbarie.

Soy lo que somos, cuerpos que se multiplican en la pantalla. Con un enorme agujero negro en el ombligo nos enfrentamos al ciberespacio. El organismo engulle, traga y todo lo devora cuando se divierte. Sujetos residuales, inestables, somos ese agujero negro donde cabe todo. Adiestrados, perdidos, sentenciados contaminamos cómo si la cordura pudiera multiplicarse. La nuestra por supuesto. Habrá otras. Porque si hay algo instalado con fuerza hoy es lo personal, la necesidad de exponer la propia vida como acontecimiento.

Somos cuerpos contaminados que al mismo tiempo contaminan y ahí una línea de fuga como agentes virales, usamos las mismas tecnologías diseñadas para controlarnos es la salida al odio y la dominación tecnológica y capitalista que nos cruza.

Eugenia Prado Bassi, junio 3, de 2015. 

Links asociados al proyecto

Odio a mi padre https://www.youtube.com/watch?v=r9HVlqkfFt4

Hembros: la música https://www.youtube.com/watch?v=_l-z1LK9xEQ

Rebobinar: https://www.youtube.com/watch?v=3VluNranTck&feature=youtu.be

http://hembros-eugeniaprado.blogspot.com/

Guión: http://www.enfocarte.com/4.23/novela.html

[1] Hembros: novela instalación, obtiene Beca FONDART para las Artes Integradas el año 2003, Gobierno de Chile.

[2] CAIN / colectivo de artes integradas, se origina como un colectivo de artistas de reconocida trayectoria y con vasta experiencia en sus disciplinas que se unen para crear y desarrollar el proyecto. El colectivo estaba compuesto por CECILIA GODOY, actriz, bailarina; JOHN STREETER, músico, compositor; MARCELO VEGA, videasta; ANTONIO ZURITA, técnico en artes escénicas y EUGENIA PRADO, en la dramaturgia y la dirección de arte. En la operación de las luces PAMELA VARGAS y CRISTOPHER ZAYAGO; Fotografía Fija: LUIS GRASSO / Emiliano Thibaut.

[3] Hembros: la música para el creación del disco del montaje obtiene Beca del Consejo Nacional de la Música, Gobierno de Chile, el año 2005. El disco es el único registro material de este proyecto.

[4] Texto presentado por Krzysztof Kulawik, Investigador y académico de la Universidad de Michigan, en LASA en 2010.

[5] Donna Haraway, Manifiesto Ciborg.

 

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