Dices miedo, novela visual. Ceibo Ediciones, 2011

Una mujer mató a su marido infringiéndole varias puñaladas en el pecho y vientre, el hombre murió a causa de las penetrantes heridas. La pareja vivía en una casa en construcción. El crimen se produjo en el dormitorio. Según declaraciones de una vecina, la mujer enfrentaba graves problemas con la víctima a causa de sus celos, declaró además, que a menudo se escuchaban peleas y gritos. Junto al cadáver se encontró el cuchillo con que fue asesinado, hasta el momento no se ha podido establecer con exactitud la forma en que sucedieron los hechos.

Dices miedo, acércate a tu miedo. Entonces piensas en el significado de tu propio miedo, más de lo para ti significa. Miedo a perderlo, a perderte, a la radical forma con que te pierdes en ese perderlo. Miedo a tener miedo, a estar sola, a que él ame a otra más que a ti, a que desee a otra y no a ti y que pierda la cabeza por esa otra. Miedo a que él le haga el amor y se conecte con esa energía del sexo y se pierda en esa otra. Miedo a dejar de hacer, a dejar de crear, a dejar de amar, a dejar de pensar con la lógica del entendimiento. Miedo a que tu vida sea él y no tú y que todo en ti sea pospuesto. Miedo a que por ese miedo él deje de amarte, de quererte, de desearte. Miedo a tener miedo y a la dependencia con que te apasiona, te aprisiona, aún sin quererlo, porque esto existe lejos de él, vive en ti, el miedo a la dependencia que en ti él provoca es tuyo.

Y cuando ese miedo mío crece y se interna adentro, es como si no supiera dónde, cómo avanzar, es como si quedara paralizada y no tuviera más energías para avanzar y me doy vueltas pensando que así dejaré de estar aterrada. Atrapada descubro que los movimientos son el único camino. Entonces, me obligo a no desfallecer, a contradecir desánimos, a hacer más que sentir, cualquier cosa, cualquiera más que huir de esta sensación que me destruye. Miedo a que entre sueños, por las noches, esas mismas imágenes me pesadillen.
Y preparo la casa y hago la casa, limpio y ordeno la casa, y la cambio y de casa me visto y en el dedo miro el anillo que lo confirma. Yo soy la casa, juego a ser los hijos de la casa y juego a una casa felizmente habitada y perfecta, con niños llenando la casa, el vacío de esa casa, cuando tú no estás. Por miedo hago el amor. Necesito hacerlo todo el tiempo para calmarme y calmar esta siniestra dependencia. Entonces, corro, en dirección de lo que sea para sentirme libre y soy y me siento libre, son momentos, destellos.

La celotipia figura entre las tres principales causas de homicidio intencionado con móvil conocido. Tiene que ver con las pertenencias. Son personas incapaces de controlar sus impulsos o pensamientos delirantes y/o paranoicos sobre el objeto de su obsesión. El paciente experimenta celos intensos y desde una particular subjetividad confirma, en las actitudes de su pareja, sus temibles certezas. En casos de celotipia mórbida, los pacientes sufren de ansiedad y actúan la enfermedad desde el inevitable convencimiento de que su pareja les es infiel. Pero en la mayoría de los casos, tales ideas no son reales. Son inventos. Pequeños demonios incrustados en la mente.

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